En este tiempo que tanto se habla acerca de la despenalización del porte de dosis personal o que en otros países incluso se propone la opción de legalizar desde la producción hasta la comercialización de la marihuana, siendo el estado el administrador de todo el proceso; valdría la pena darle una mirada a las cifras para saber que tanto hay de cierto en aquello que se dice que la guerra contra las drogas está perdida, al menos con las estrategias actuales de abordaje.

Lo primero que hay que señalar es que los estudios epidemiológicos son una herramienta para tener una aproximación a una realidad. Fíjese que usamos el artículo indeterminado “una”, sugiriendo con ello que existen otras opciones de acercamiento a los indicadores de consumo. Pérez et al, (2001) muestran los resultados de un estudio a partir de indicadores indirectos de consumo, señalando que existen otras vías para analizar la problemática de consumo de sustancias psicoactivas (SPA), aparte del abordaje epidemiológico. Con estas estrategias de investigación, se permite ver con claridad como el consumo de SPA no es meramente un comportamiento que se restrinja al espacio íntimo y privado del individuo, sino que compromete la esfera de lo público, por lo tanto, termina involucrando a otras personas y no en pocos casos, generando daño y perjuicio. Se muestra por ejemplo, las cifras de muertes asociadas al consumo de drogas, involucramiento en comportamientos delictivos, relación precio/pureza de la droga, ingresos a centros hospitalarios y especializados en rehabilitación (Pérez et al, 2001). También están los sondeos rápidos (Delgado, Pérez y Scoppetta, 2001), que permite acceder a un número muy importante de personas, de forma ágil y confiable, pero con una fuerte limitación en cuanto a la variedad de información que se puede recolectar. La bondad de este tipo de estudios, es que pueden arrojar datos muy valiosos mediante sofisticados análisis estadísticos y pueden ayudar a potenciar los hallazgos encontrados en otros estudios de carácter epidemiológico.

También están los estudios epidemiológicos concentrados en poblaciones específicas, cuyos resultados se restringen precisamente a aquellos nichos demográficos que se están investigando. En Colombia existen algunos ejemplos como las dos encuestas nacionales de consumo en jóvenes escolarizados (Rumbos, 2001; MJD, MEN, MSPS, 2012), el estudio sobre consumo de alcohol en menores de edad (Pérez, Scoppetta, 2009) y el estudio de consumo en menores infractores (ICBF, DNE, 2010). En nuestro caso, al inicio de la estrategia de promoción de la salud y prevención de riesgos “Anímate”, una de las primeras acciones que se desarrolla es precisamente un estudio epidemiológico con el 100% de los estudiantes de la sección de bachillerato. A la fecha, ya se han realizado 20 mediciones en 10 colegios.

Concentrándonos específicamente en los estudios epidemiológicos en población general, son considerados como aquellos que aportan las grandes cifras y tendencias en el análisis de un comportamiento determinado y como su nombre mismo lo indica, determina el carácter endémico o epidémico de una enfermedad, trastorno o dolencia. No es de sobra decir, este tipo de estudios son ampliamente usados en el sector salud, sobre todo para monitorear el avance o retroceso de una condición específica, en nuestro caso, el consumo de SPA.

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