En Colombia la cantidad de hombres que dicen haber probado las drogas supera a la de mujeres por lo menos en un 300%

A pesar de toda su maravillosa capacidad para abrir las puertas, derrotar al orden establecido en el campo de batalla y juntar al mundo en el ascenso camino a la euforia (y en el descenso de la mañana siguiente), hay un aspecto en el que las drogas siguen siendo bastante convencionales: su consumo es un club de manes.

“En mi época de marihuanera, me acuerdo que el parche estaba conformado por puros manes y yo” me contaba esta mañana mi colega y ex marihuanera Tania Tapia: “un día nos pusimos a hablar de eso y uno de ellos me dijo que las viejas simplemente no son burras, que yo era la excepción”.

La gente de los números dice más menos lo mismo: en Colombia Tania hace parte del 6.47% de mujeres que han aceptado haber probado una droga ilegal alguna vez en la vida.

Según el último Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas, la cantidad de hombres que han probado alguna “sustancia ilícita” en su vida es tres veces mayor que la de mujeres. Los hombres también muestran índices más elevados de consumo de todas las sustancias legales—en el caso del alcohol, por mencionar la más consumida, un 46% de los hombres colombianos afirmaron haber tomado durante el ultimo mes mientras que para las mujeres la cifra es del 26%—  y, si hablamos de consumo dependiente o abusivo de drogas legales o ilegales, la brechas se agrandan aún más.

¿A qué se debe esta desproporción entre sexos en los cuarticos oscuros donde se reparte y comparte la droga en Colombia?

En un caso así todos los dedos apuntan a el sospechoso de siempre: la cultura machista.

Según el doctor Augusto Pérez,  director de la Fundación Nuevos Rumbos, la estricta supervisión que tradicionalmente han ejercido los padres sobre sus hijas hace parte de la respuesta.

Para el doctor Pérez, que ha trabajado con consumidores en Bogotá desde hace 30 años, existen otros factores sociales que podrían explicar esta brecha: “aparte de la sanción social —que en Colombia es muchísimo más dura para las consumidoras— hay un tema de vulnerabilidad”, aseguró, “las mujeres saben que el droga es un mundo criminal en el que puede estar mucho más expuestas a agresiones físicas y sexuales”. 

Lo que me recuerda la vieja imagen de una mujer inconsciente tirada en una banca en minifalda, frecuente en las campañas de prevención de consumo. Pérez, sin embargo, también reconoce que estamos ante una realidad cambiante: aunque los índices de consumo alrededor del mundo sigan mostrando que la cantidad de hombres que consumen o han consumido drogas es tres a cuatro veces mayor que la de mujeres, “a principios de los noventa esa relación era de 8 a 1”.

¿Será esta disminución un síntoma del cambio social frente a la mujer?

Para Alicia Bustos, de Energy Control, un colectivo español dedicado a promover el consumo responsable, sí podría ser el caso.

Según Alicia, a la hora de hablar de la diferencia entre consumo de hombres y mujeres las estadísticas pueden ser engañadas por las costumbres: “Al estar (los hombres) tradicionalmente más presentes en los espacios públicos, ha resultado más fácil recoger información de esa población”.

A medida que las mujeres encuentran las condiciones y los espacios para ser más abiertas acerca de sus consumos, dice, es posible que nos vayamos dando cuenta de que la brecha entre hombres y mujeres no es tan grande como creíamos. Al menos eso sugiere el caso español: en ese país los estudios encontraron que a partir de 2015 las mujeres se habían convertido en las mayores consumidores de drogas legales (alcohol, tabaco y medicamentos psiquiátricos).

Pero ese es un caso. El hecho de que las mujeres vayan reclamando igualdad de derechos no significa necesariamente que algo cambie en los índices de consumo. Está, por ejemplo, el caso del Reino Unido, un país que es puesto 28 en el ranking mundial de desigualdad de género y en el que la brecha entre el consumo de drogas de hombres y mujeres se ha ido ampliando en los últimos 20 años.

Aquí en Colombia la brecha también aumentó un poco si comparamos los estudios de 2008 y 2013.

Todo parece indicar que a pesar de las distintas consideraciones sociales y estadísticas el hecho es que los hombres tenemos un mucho gusto más desarrollado por la milenaria —y a veces noble— práctica de darse duro en la cabeza.

“Esto tiene que ver la evolución biológica de la especie”, me decía el pasado jueves en la la tarde el profesor y neuropsiquiatra Juan Daniel Gómez.

Devolviendo el casette hasta el amanecer del hombre, el profesor me explicó que mientras el macho estaba afuera cazando, solo, expuesto al frío y a los peligros, la mujer estaba resguardada, a cargo de la crianza, en constante comunicación y contacto con su descendencia, obteniendo esa descarga constante de dopamina en el núcleo de accumbens septi que las personas llamamos satisfacción.

“Digamos que ellas no tienen esa desregulación neuroquímica que si tendríamos nosotros los hombres, que necesitamos constantemente de estímulos adicionales”, concluyó el profesor Gómez. Según él, la brecha entre hombre y mujeres a la hora de usar drogas trasciende las diferencias culturales: “vea el caso de los huitotos, ellos restringen el uso de plantas sagradas a los hombres porque dicen que ellas no necesitan”.

A marzo de 2017 —200 mil años después del amanecer del hombre—, sin embargo, no podemos decir con la misma certeza que las mujeres siguen siendo “más sanitas” que los hombres. En Colombia, el consumo de alcohol en mujeres ha aumentado significativamente  entre 2008 y 2013. Los estudios en población universitaria muestran que entre los más jóvenes la proporción entre hombres y mujeres que algunas vez han consumido drogas ilegales ya no es de 3 a 1 sino de 2 a 1. En población escolar la diferencia es de apenas 4%.

Curiosamente, la edad de inicio para el consumo de todas las sustancias es de alrededor de 17 años tanto para hombres como mujeres, pero la dependencia y abuso de sustancias son problemas que afectan mucho más a los hombres, lo cual pareciera sugerir algo que el doctor Augusto Pérez ha visto en 30 años de práctica: las mujeres tienden a probar y dejar, mientras los hombres tienden a seguir la carrera de adictos.

Supongo que a medida que las mujeres vayan reclamando nuevos espacios en Colombia iremos averiguando si son cada vez más las que eligen cruzar la puerta que conduce a ese cuartico oscuro donde se reparten las drogas, y si al hacerlo van a cometer los mismos errores que los hombres venimos cometiendo.

 

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¿Por qué los hombres nos drogamos más que las mujeres? (Noticia Portal Multimedia VICE)
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